Empieza a sonar la maraca y el gancho contra la botella, muy rápido, casi rozando el histerismo. Te giras, miras en su dirección y lo ves. Ahí está. Observas una sombra enorme que sube en vertical. Tu corazón empieza a palpitar de emoción, ¡ahí está! gritas para tus adentros y empiezas a acercarte.